
Introducción: El corazón de Jesucristo y el prototipo de amor en la Iglesia primitiva
Entre las epístolas del apóstol Pablo, la carta a los Filipenses resalta de forma especial por la profunda expresión de amor, confianza y entrega mutua entre el apóstol y la iglesia. En Filipenses 1:8, Pablo afirma: “Dios me es testigo de cuánto los quiero a todos ustedes con el entrañable amor de Cristo Jesús” (NVI). Esta confesión pone de manifiesto los fundamentos sobre los que se sustenta el amor en la comunidad cristiana. Pablo no se limita a una mera simpatía humana o un apego emocional; recalca más bien una relación espiritual cimentada en el auto-vaciamiento y el amor sacrificial de Jesucristo. A partir de esta interpretación, el pastor David Jang subraya que la iglesia primitiva no se forjó únicamente en estructuras organizativas, acuerdos doctrinales o instituciones, sino en una “familia espiritual” unida por el propio corazón de Jesucristo, el núcleo mismo del evangelio.
Este escrito conectará el concepto del “corazón de Jesucristo” presentado a la iglesia de Filipos con el entendimiento del amor y de la comunidad encontrado en otras cartas paulinas. Así se profundizará en el amor que se robustece en medio de las pruebas, en la entrega generosa, en la práctica coherente con los valores evangélicos y en la necesidad de que la iglesia actual recupere la esencia de ese amor. A través de esta reflexión, se desea redescubrir la sustancia del amor que la Iglesia de hoy está llamada a recordar, honrar y encarnar.
I. El significado del corazón de Jesucristo: fundamento teológico del amor
Cuando Pablo emplea la expresión “el corazón de Jesucristo” en Filipenses 1:8, trasciende el uso común que asociaba las emociones con las entrañas en la cultura grecorromana. No es un mero giro lingüístico ni se restringe a lo sentimental. Al referirse a la persona y obra de Cristo, especialmente al amor sacrificial demostrado en la cruz, Pablo apunta a un amor de carácter divino que supera los afectos humanos convencionales.
El corazón de Jesucristo remite a la kenosis, la actitud de auto-vaciamiento descrita en Filipenses 2:5-8: Cristo, siendo igual a Dios, no se aferró a su condición divina, sino que se despojó, tomó forma de siervo y fue obediente hasta la muerte de cruz. Este amor es incondicional, sacrificado y no exige contraprestaciones. Al presentarlo como modelo para su propia relación con los filipenses, Pablo establece que el amor en la iglesia no es solo simpatía humana, sino compartir el corazón redentor de Cristo mediante la obra del Espíritu. El pastor David Jang recalca que la vida comunitaria del evangelio no se limita a la camaradería humana, sino que es una experiencia espiritual arraigada en el amor salvífico de Jesús.
II. La comunidad eclesial como familia espiritual: una alternativa a la lógica del poder
Una iglesia que se ama con el corazón de Jesucristo no se fundamenta en la lógica del poder ni de intereses terrenales. El mundo suele tejer sus relaciones a partir de vínculos de sangre, intereses económicos, poder político, prestigio social o afinidades culturales. Dichos lazos son frágiles y fácilmente se disuelven cuando se alteran los beneficios mutuos. Por el contrario, la comunidad eclesial arraigada en el amor de Cristo se funda en una realidad radicalmente distinta.
El pastor David Jang describe esta comunidad como una “familia espiritual” nacida por el evangelio. Se trata de una familia en la que, gracias al amor sacrificial de Cristo, los creyentes se acogen mutuamente, trascendiendo vínculos étnicos, culturales o económicos. Esta cohesión espiritual no está sujeta a la proximidad geográfica ni a las limitaciones materiales. La iglesia de Filipos, por ejemplo, apoyó a Pablo aun cuando este se hallaba encarcelado a miles de kilómetros de distancia. Un apoyo así no puede explicarse según el intercambio secular de favores. Es la evidencia de un amor genuinamente evangélico, ajeno a las reglas mundanas del dar y recibir.
III. Un amor que se fortalece en la aflicción: el ejemplo de la iglesia de Filipos y Pablo
La situación de Pablo en prisión es el escenario perfecto para poner a prueba la autenticidad y la solidez del amor comunitario. Si la iglesia de Filipos hubiera visto a Pablo únicamente como un líder hábil o un instructor doctrinal, habría sido comprensible que rehusara arriesgarse por él en medio del peligro. Sin embargo, la comunidad lo amaba con el corazón de Jesucristo, lo cual permitió una entrega sincera incluso en circunstancias extremas.
Otras epístolas paulinas confirman esta paradoja: el sufrimiento no debilita el amor, sino que lo purifica y fortalece. En Romanos 5:3-5, Pablo enseña que la tribulación produce perseverancia, carácter aprobado, esperanza, y que el amor de Dios se derrama en nuestros corazones por el Espíritu Santo. La aflicción, lejos de erosionar el amor, lo reafirma. En 2 Corintios 1:3-7, Pablo muestra cómo el consuelo recibido en el sufrimiento capacita para consolar a otros. El pastor David Jang ve en este proceso una “purificación del amor” que torna la comunidad más sólida y auténtica.
La iglesia de Filipos no vio en el sufrimiento una señal de debilidad, sino un crisol que hizo brillar su amor con mayor pureza. Una comunidad unida por el corazón de Cristo no se paraliza ante la adversidad, sino que fortalece sus vínculos y testimonia el poder del amor evangélico, un poder que supera cualquier conflicto o dificultad externa.
IV. Transformación por el evangelio: el amor como fuerza motriz
El amor que brota del corazón de Jesucristo no es simplemente una cualidad moral admirada por su belleza, ni un consejo ético más; es el fruto de una transformación de valores arraigada en el evangelio. Para Pablo, creer en Cristo no significa solo la remisión de los pecados, sino un vuelco radical de la vida entera, un cambio profundo en la forma de entender las relaciones, el servicio y la comunidad.
En Efesios, Pablo compara la iglesia con el cuerpo de Cristo, en el que cada miembro contribuye a edificar el conjunto, de manera que la comunidad crece y madura en el amor (Ef 4:15-16). El amor es la forma misma de ser de la iglesia, no una simple orden moral. Tratarse mutuamente con el corazón de Cristo desmonta las lógicas individualistas y competitivas, propiciando la cooperación, el apoyo mutuo y el crecimiento colectivo. El pastor David Jang destaca que el amor no es un mero sentimiento, sino la potencia que el evangelio otorga a la comunidad, imprimiéndole un nuevo modo de actuar y existir.
En 1 Corintios 13, Pablo describe las características del amor: paciencia, bondad, ausencia de envidia, arrogancia o egoísmo (1 Co 13:4-5). Estas cualidades delinean el comportamiento de una comunidad modelada por el corazón de Cristo. En un contexto contemporáneo donde la iglesia puede verse tentada por valores seculares —programas, números, recursos, influencia— Pablo y Jang recuerdan que la auténtica fuerza de la iglesia emana del amor arraigado en el evangelio, no de la búsqueda de prestigio.
V. La amplitud del amor en otras epístolas: consuelo, empatía y cargas compartidas
La insistencia paulina en el valor del amor comunitario aparece reiteradamente. En las epístolas a los Tesalonicenses, Pablo elogia a la iglesia por mantener fe, amor y esperanza incluso en medio de pruebas y persecución (1 Ts 1:3; 2 Ts 1:3-4). Estos creyentes, al igual que los de Filipos, supieron consolarse, alentarse y sostenerse mutuamente bajo la adversidad. Así como Filipos no olvidó a Pablo en prisión, Tesalónica no se dispersó ante la persecución; antes bien, la prueba los unió más.
En Gálatas, Pablo exhorta a servirse los unos a los otros por amor (Gá 5:13) y a llevar las cargas de los demás (Gá 6:2). Aquí el amor no es un mero afecto, sino un compromiso tangible de ayuda mutua, el empeño de compartir las cargas ajenas. Una iglesia que ama con el corazón de Cristo está dispuesta a tender la mano allí donde se necesite, apartándose de la lógica mundana del logro individual. El pastor David Jang subraya que esta práctica del amor convierte a la iglesia en algo más que una organización religiosa, mostrándola como un testimonio vivo y eficaz del poder transformador del evangelio.
VI. Continuidad y crecimiento del amor: la obra divina hasta el día de Cristo
En Filipenses 1:6, Pablo expresa su confianza en que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”. La “buena obra” abarca la entrega, la hospitalidad, la comunión y, en definitiva, el amor activo y solidario. El amor no es un arranque fugaz, sino un proceso continuo que apunta hacia el horizonte escatológico.
El amor que nace del corazón de Jesucristo madura con el tiempo y con las pruebas. En Romanos 8, Pablo menciona el gemir de la creación y la esperanza de la gloria futura (Ro 8:18-25), indicando que el amor no se limita a beneficios temporales, sino que se enmarca en el gran arco de la salvación divina. Este contexto confiere al amor una dimensión eterna y orgánica, capaz de crecer y fortalecerse mientras avanza el plan redentor de Dios.
El pastor David Jang asocia esta perspectiva escatológica con la necesidad de la iglesia contemporánea de superar una visión reducida del amor como un simple evento o campaña temporal. La comunidad que ama con el corazón de Cristo será formada, educada y perfeccionada por Dios mismo hasta la consumación final. Esto libera a la iglesia de la obsesión por resultados inmediatos, capacitándola para una práctica del amor más fiel, persistente y orientada a la esperanza futura.
VII. Lecciones para la iglesia actual: restaurar el amor por encima de instituciones y programas
En la actualidad, muchas iglesias se preocupan por el crecimiento numérico, la variedad programática, las estrategias de marketing o la comunicación publicitaria. Sin embargo, nada de esto sustituye el corazón de Jesucristo. Al comentar Filipenses y otras epístolas, el pastor David Jang exhorta a la iglesia contemporánea a retomar la esencia del evangelio: el amor sacrificial y redentor.
Amar con el corazón de Cristo implica que los conflictos internos y los malentendidos no se enfrenten con indiferencia o lógica de poder, sino desde la perspectiva de la cruz: humildad, entrega, perdón y reconciliación. Esto también tiene implicaciones para la relación con la sociedad: la iglesia no debe reducir su labor social a un acto puntual de caridad, sino adoptar una genuina actitud de cuidado y acompañamiento que refleje el corazón del Redentor.
La iglesia de hoy también enfrenta pruebas: dificultades económicas, críticas sociales, tensiones internas, apatía espiritual. En tales circunstancias, el amor es puesto a prueba. Una comunidad con el corazón de Jesús no busca meros reajustes estructurales, sino que enfrenta los problemas desde la perspectiva del amor evangélico, sosteniéndose unos a otros. Jang considera que esta aproximación conducirá a la iglesia a una auténtica restauración y madurez, superando la tentación de respuestas superficiales o meramente técnicas.
VIII. La aflicción como refinamiento del amor: aprendizajes para la iglesia del siglo XXI
La iglesia del siglo XXI encara el postmodernismo, el pluralismo, el materialismo, el consumismo y el escepticismo social hacia lo religioso. Si la respuesta eclesial se limita a la búsqueda de estrategias de supervivencia, corre el riesgo de perder el núcleo del evangelio. Sin embargo, si asume las dificultades como un crisol que refina el amor, podrá reconectarse con el corazón de Jesucristo.
El pastor David Jang sugiere que no es exagerado ver la aflicción como una herramienta divina para depurar y autenticar el amor. Así como la iglesia de Filipos evidenció su amor por Pablo en condiciones adversas, la aflicción actual desafía a la iglesia a mostrar su verdadero compromiso. Si la comunidad optara por la comodidad y la seguridad, el amor evangélico quedaría oculto. Pero, si en medio de la dificultad decide proveer ayuda concreta, proteger al débil y comprometerse con la sanidad de la comunidad, entonces el amor se mostrará más firme y luminoso.
Esto adquiere relevancia hoy, ante fenómenos como la pandemia de COVID-19, la inseguridad económica, la conflictividad social o la crisis ambiental. La pregunta es si la iglesia mostrará el corazón de Cristo: un amor que brilla con mayor fuerza en escenarios donde no hay ganancias obvias. Cuando el mundo cuestiona “¿Qué puede ofrecer la iglesia?”, la respuesta auténtica es el cuidado del prójimo, la defensa del vulnerable y el servicio a la comunidad. Así, el amor se fortalece frente a la adversidad.
IX. El fruto del amor: la gloria de Dios y la madurez de la comunidad
El amor que nace del corazón de Jesucristo no solo aporta calor y cercanía interna, sino que apunta a la gloria de Dios y a la proclamación efectiva del evangelio ante el mundo. En Filipenses 1:11, Pablo menciona los frutos de justicia que redundan en la gloria y alabanza de Dios. Así, el amor no se limita a un simple ideal moral, sino que colabora con la obra divina, conduciendo a la meta teológica y espiritual del plan salvífico.
El pastor David Jang subraya este dinamismo espiritual del amor. No es una virtud individual ni una mera cohesión interna, sino una participación activa en el proyecto redentor de Dios. Este amor madura a la comunidad y otorga a los no creyentes una razón para considerar la validez del evangelio. Si la iglesia recupera esta verdad, no se verá atrapada en la trampa de buscar logros superficiales, sino que encarnará, de forma auténtica y convincente, el mensaje del evangelio en su forma más genuina.
Conclusión: Una iglesia que ama con el corazón de Jesucristo, arquetipo de esperanza
Como se ha visto, Pablo utiliza la expresión “el corazón de Jesucristo” en Filipenses para iluminar la esencia espiritual del amor eclesial. Este amor se fundamenta en el sacrificio y el auto-vaciamiento de Cristo, trasciende la lógica mundana, se fortalece en la aflicción, forja la iglesia como familia espiritual y crece continuamente hasta la plenitud escatológica del plan de Dios.
El pastor David Jang, al interpretar las enseñanzas de Pablo, insta a la iglesia contemporánea a recobrar ese “primer amor” auténticamente evangélico. Una iglesia que se ama con el corazón de Jesucristo deja de ser una mera institución para convertirse en una comunidad viva y palpitante que manifiesta el amor de Dios. Ninguna adversidad logra hacerla retroceder; antes bien, la purifica y la hace brillar con mayor esplendor. Ese amor, a su vez, glorifica a Dios y demuestra ante el mundo que el evangelio no es teoría vacía, sino una realidad transformadora.
En una época donde la iglesia corre el riesgo de perderse en estructuras, programas o ambiciones de poder, las cartas de Pablo, el testimonio de la iglesia de Filipos y la perspectiva del pastor Jang nos recuerdan la esencia del evangelio: el amor. Una iglesia que se ama con el corazón de Jesucristo supera el mero “reunirse de creyentes” y se convierte en una verdadera familia espiritual que irradia luz en medio del mundo.
Al final, la iglesia que ama con el corazón de Cristo es el arquetipo mismo de la esperanza. Aunque el mundo cambie de forma incesante, el amor de Cristo permanece eterno. Este amor sostiene a la iglesia en medio de la adversidad, haciendo que los creyentes se cuiden mutuamente y crezcan juntos, mientras Dios produce frutos de justicia que redundan en su gloria. Este es el núcleo del mensaje que Pablo dirigía a la iglesia de Filipos y que el pastor David Jang presenta hoy como desafío y exhortación a la iglesia actual.